Unas últimas palabras...
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El éxtasis me volvía loca. Un día, mordí un vaso, como si de una manzana se tratara. Tuve que tener la boca llena de cristales para entender lo que me estaba pasando. Otra vez, estuve rompiendo trapos con los dientes durante una hora. Ana, toxicómana(1)
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Tú, joven: expresa tu libertad y tu independencia sin tomar drogas.
Dentro de algunos años, tendrás hijos...
¿Qué dirás si ellos también empiezan a drogarse (a destruirse)?
Tienes todo el derecho a existir, a divertirte, a cambiar de ideas y a vivir mejor. Pero la droga no aporta la felicidad. El verdadero placer se esconde dentro de ti. ¡Ve a descubrirlo!
A nosotros, los padres: se nos quiere convencer para que admitamos que es imposible una civilización sin drogas. Una idea tan loca como reciente. Actuemos para que desaparezcan para siempre.
Si no, las drogas (ayudadas por el engaño de las modas) llevarán a la humanidad al cementerio.
Arropemos a nuestros hijos, pasemos tiempo con ellos. Prestemos atención a sus problemas, a sus inquietudes. Apoyemos sus esfuerzos.
Animemos su buena voluntad, su determinismo. El día en que todos esos valores recobren todo su sentido, la vida será más bella para todos.