Dejemos de bailar con la muerte
Hoy día, el éxtasis atrapa a los jóvenes del mismo modo que la luz atrae a las polillas. Normalmente, se dice que proporciona poderes sobrehumanos («es la píldora del amor»). A menudo, y a modo de información, se oye: «El éxtasis no es tan peligroso». Siempre la misma canción. Salvo que, desde 1987, ya ha causado la muerte a muchos adolescentes.(1)
En el pasado, la gente de buena voluntad sabía que las drogas podían ser peligrosas. Y que, a menudo conducían a la muerte o a una degradación terrible.
Pero, a partir de 1960, la opinión respecto a las drogas llamadas «recreativas» ha cambiado. El cannabis, el LSD y otras drogas surgieron con sus eslóganes pegadizos: «¡Sé guay!», «¡Amplía tu conciencia!», «¡Haz el amor y no la guerra!»...
Desde entonces, las estrellas de cine y los personajes de moda empezaron a elogiar el LSD. Esperaban que este producto milagroso fuera a crear un «mundo mejor». Resultado: soledad, vidas rotas, sueños malogrados y miles de muertos. Los que escaparon de lo peor llevan consigo las huellas de este engaño: son a veces efecto de «flashes» (alucinaciones) debidas a la droga, incluso años después de haberlas tomado.
Detrás de unas bonitas palabras siempre se esconde la misma y triste realidad: la droga hace daño, aísla, enloquece o mata. Hasta que no se demuestre lo contrario no existe ninguna pastilla o ninguna jeringa que haya conducido al paraíso. Los que han cometido el error de creerlo han encontrado, en lugar del paraíso, el infierno...
Esta publicación va dirigida a ti y a tus padres. A quienes buscan claridad en la bruma que envuelve a este tema. Nuestro deseo: que evitéis la trampa de las drogas, cualquiera de ellas.